mayo 27, 2010

EL MITO DE LOS SERES HUMANOS LIBERADOS POR LA TECNOLOGÍA


El Diccionario de Academia de la Lengua define a la tecnología como el Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico. “En el mundo contemporáneo, desde la revolución industrial, la tecnología se conceptualiza como ciencia aplicada: El desarrollo tecnológico depende de la investigación en ciencia básica. La investigación básica es el modo de conseguir nuevo conocimiento” (López Cerezo & Luján, 1998).

Con visión positivista [1] se ha colocado a la tecnología más allá de sus aspectos materiales y se le ha relacionado con los cambios, en usos, de instrumentos materiales que han trascendido a lo largo de la historia de la humanidad. Etapas relacionadas con la comunicación instantánea a distancia, el telégrafo y luego el teléfono (etapa vinculada a la electricidad) y posteriormente, la internet (que remite más propiamente a la electrónica), han adquirido importancia y magnitud como consecuencia de acontecimientos claves: el desarrollo de la microelectrónica y la nanotecnología y la digitalización de la información, logros tecnológicos que han producido grandes cambios socioculturales, de los que se creía, implantarían un mundo más libre e igualitario, ideal que al menos por los momentos es aún utópico y que nos aproxima almito. En cuanto a si es axiomática la imagen conceptual que enuncia que los seres humanos han sido liberados por la tecnología, deben revisarse primero, muchos conceptos y tendencias que explicarían la visión prometeico [2] que devuelve la tecnología al servicio del sujeto social y en este sentido, el mito prometeico usado en términos tecnológicos, estaría referido a uno de los principales temas que caracterizan esta época, la era de la información.

El mito posee su modo particular de valorar y categorizar el orden del mundo, la naturaleza de lo real, es decir, da sentido a la existencia colectiva o individual, tiene sentido para aprehender el universo. Edgar Morin (1988) afirma que “parece claro que el mito entreteje no sólo el tejido social, sino también el tejido de eso que llamamos real”. Usado como discurso público, el mito se convierte en una estructura interactiva con diferentes funciones, la cual es utilizada de acuerdo a las necesidades de quienes lo emiten o reciben y por tanto, llega a tener significaciones sociales diferentes. Desde el descubrimiento del fuego, la rueda, la máquina de vapor, la energía nuclear, etc., tecnologías todas que dinamizaron los procesos sociales, la revolución científica y tecnológica, se ha incrementado drásticamente desde finales del siglo XX, específicamente en el denominado mundo occidental con el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). Las mismas se han convertido en instrumentos indispensables para “afianzarse” dentro de una nueva categoría de vida comunitaria, la aldea global, pues se considera casi un estado “delictual” el no tener un(a) radio, una televisión, un(a) computador(a) (“obligatoriamente” con conexión a internet), ya que en lo aparente dichas herramientas tecnológicas se han convertido en “herramientas” para la conexión/contacto de los grupos sociales, en una sociedad que exige compartir los mismos sistemas de interconexión, cuya expresión más reciente son los programas informáticos para redes sociales. Esa uniformidad exigida nos aproxima de nuevo al mítico ideal de igualdad pero también plantea una imposición que es contradictoria con la noción de libertad.

Ajustando el concepto de praxis, planteado inicialmente por Karl Marx e interpretado por Gramsci, que reconoce la conducta humana en el sentido del hacer, y al modo de producción (y sus expresiones fenomenológicas, los diversos procesos culturales asociados) como un instrumento para la comprensión de la evolución de los procesos identitarios, podríamos situar a la tecnología dentro de una visión estructuralista en la cual, la práctica, que es el fundamento de los conoci¬mientos de toda sociedad y por ende, de su historia, pese a estar orientada por ese ideal de liberación y de búsqueda de mayor comodidad y el tiempo libre para vivir, con frecuencia deviene en otra forma de esclavitud. Si bien se considera a la tecnología como un problema social y se mantiene como un tema recurrente de reflexión en las aulas de clases, los medios de comunicación y las agendas políticas de muchos países, el progreso tecnológico no siempre constituye un indicador de evolución socio-cultural, y tampoco lo es su impacto en la libertad y calidad de vida humana. La Revolución Industrial (estrechamente ligada a la tecnología) le abrió el camino a la sociedad industrial, estructura social que aún pervive y dentro de la cual hemos entrado en una nueva etapa de cambio, al final, la tecnología no ha liberado al hombre, contrariamente a lo que se aspiraba. Lo mantiene “atado” a la técnica, y continuamente le exige mayores niveles de dependencia. Si bien ha servido para que la sociedad progrese en el sentido de su hacer, también ha producido destrucción de la relación de las sociedad con su entorno, por ende, con la naturaleza.-

S.G.R. 2010

[1] Para el positivismo, la ciencia procede según la lógica del experimento, y su patrón es la medición o cuantificación de variables para identificar relaciones.

[2] El mito de Prometeo refiere que, los dioses del Olimpo le encomendaron a los hermanos Prometeo y Epimeteo (hijos de Jápeto, un titán hermano de Zeus) que repartieran diversas facultades naturales (fuerza, tamaño, garras, velocidad, posibilidad de volar, vellosidad) entre los seres vivos como protección contra las inclemencias del tiempo, etc.; pero Epimeteo, a quién le correspondió repartirlas, se olvidó del hombre, dejándolo desnudo, descalzo y desprovisto de cualquier medio de defensa, es decir privado de todo aquello que le permitiera sobrevivir. Ante este hecho, y para evitar la extinción del ser humano, Prometeo decidió remediar la desafortunada repartición y decidió robarle al Olimpo el fuego de Zeus y con el fuego, robaba también el saber técnico (de Atenea), dándoselos a los hombres, lo que provocó la indignación de Zeus que temió que se convirtieran en dioses, por lo cual decidió castigar duramente a Prometeo.

mayo 01, 2010

LOS CUIVA


El pueblo Cuiva pertenece a la familia lingüística Guajiba, que se denomina a sí mismo Jivi (gente) en el territorio venezolano y Jivi Wamone (gente familia) en el territorio colombiano. Habitan las sabanas limítrofes entre Venezuela y Colombia. En Venezuela se encuentran localizados al suroeste de la región llanera del estado Apure, específicamente en la margen derecha del alto Capanaparo, aproximadamente a unos 30 kilómetros del pueblo de Elorza, en los asentamientos conocidos como Barranco Yopal y El Paso, desde donde se movilizan constantemente recurriendo a la instalación de campamentos temporales que ubican entre la región comprendida entre los ríos Capanaparo, Riecito, Meta, Cinaruco, Caribe, Arauca y la población de Elorza (Coopens, 1975; Hurtado & Hill, 1987).

En territorio colombiano, los Cuiva están emplazados al noreste de la región llanera, en el resguardo de Caño Mochuelo, ubicado en el departamento de Casanare, donde conviven con miembros de otros grupos indígenas de la misma familia Guajibo, entre ellos los Amorua, Sikauni y Yamaleros. La familia lingüística guahiba está compuesta por diversos subgrupos lingüísticos que incluyen a los Sikuani, Cuiva, Yamalero o Guahibo playero. Maciguare, Macaguan , Amorua y Sirupus. Tradicionalmente, los Cuiva utilizan como vivienda temporal la casa indígena localizada en Cravo Norte, en el departamento del Arauca y mantienen campamentos temporales en áreas adyacentes a los ríos Casanare, Ariporo y Meta (Coopens, 1975; Hurtado & Hill, 1987; Sumabila 1985, 2005).

La cosmología Cuiva explica el mundo a partir de tres horizontes superpuestos reflejo de su mundo real: un nivel bajo (el agua), uno medio (la tierra), y uno alto (el cielo, las nubes). En cada horizonte o nivel es posible la vida de los Cuiva, ya que se consiguen en estos, un ambiente de sabana y un ambiente de río (arenales) con elementos de la flora y la fauna, propios del llano. La Cuiva del “otro mundo” no incluye ningún lugar distinto al reino del “cielo, de la abundancia y la felicidad”, tal como podría ser el purgatorio o el infierno para los católicos. Se refieren a su origen y a su territorio ―en conjunto con el de algunos pueblos indígenas vecinos― como un lugar geográfico específico procedente de debajo de la tierra y donde un grupo de ellos, viven lejos del lugar donde tuvieron origen, apremiados por la migración y la presencia de los criollos en su territorio (Sumabila 1985, 2005).

Aunque los Cuiva, al igual que los Pumé, han sido afectados por la expansión criolla y por diversos programas gubernamentales mal implementados, hasta el presente, se han mantenido como cazadores y recolectores. En el año 2001 la población Cuiva alcanzaba a 1050 personas, 450 en territorio venezolano y 600 en Colombia. El crecimiento demográfico de este grupo étnico se ha visto afectado en los últimos 30 años por una serie de enfermedades asociadas a las nuevas condiciones de vida impuestas a través del proceso forzado de sedentarización al que ha sido sometido (Coopens, 1975; Hurtado & Hill, 1987; INE, 2001; Sumabila 1985, 2005). Así mismo, estos factores han incidido en que parte de su población, trabaje como mano de obra agrícola en hatos criollos, pasando a formar parte de una población en condiciones de pobreza en el ámbito rural, lo que ha traído como consecuencia, el desmejoramiento de su calidad de vida (Hurtado & Hill, 1987; Sumabila 1985, 2005).

Es conocida la situación de persecución y racismo sufrido por los Cuiva durante décadas de parte de la población criolla, sustentada en un infortunado interés por las tierras ocupadas ancestralmente por este pueblo indígena, junto a los Pumé (Yaruro) y los Jivi (Guajibo). Son frecuentes los testimonios que narran cómo los Cuiva, en los dos siglos pasados, fueron objeto de masacres llevadas a cabo por colonos, actividad conocida como Guajibear o Cuivear (cazar Guajibos o Cuivas) y común por largo tiempo en esta zona. Tristemente célebre fue la matanza del pueblo Cuiva acaecida en el hato de la Rubiera en 1967, pero más lamentable fue que posterior a esta fecha, siguieron siendo masacrados por los dueños de hatos y peones criollos, sin que las autoridades locales y nacionales, se inmutaran ante este hecho (Mosonyi & Jackson, 1990; Sumabila, 2005).

Muy a pesar de todas las paradojas territoriales, ambientales y socioculturales que ha tenido que enfrentar, el pueblo Cuiva persiste en mantener (literalmente, más allá de la esperanza) en pie su población y su cultura!!!!

SGR, 2010.

Neil L. Whitehead. March 19, 1956 - March 22, 2012

Neil L. Whitehead was an anthropologist who worked on many current topics of research that include violence and the cultural order; sha...