agosto 31, 2013

APROXIMACIÓN AL PARENTESCO DE LOS LOKONO-ARAWAK. EDO. BOLÍVAR. VENEZUELA


A modo de introducción
A partir de una visita a la comunidad lokono (Arahaca) de San Flaviano ubicada en el eje carretero Puerto Ordaz―Santa Elena de Uairen en el estado Bolívar-Venezuela, a fin de inspeccionar las condiciones del hábitat para la realización del trabajo de Maestría, se efectuó una primera práctica para el análisis de parentesco entre algunos miembros de esta comunidad, los hermanos Thomas.

A cerca de los Lokono-Arawak
Los lokono usan también el mismo nombre de la familia lingüística a la que pertenecen, arahuacos[1]. La palabra arahuaco (Arawak, arawacos, aruacos o arbacos) es aparentemente una designación, hecha por los conquistadores españoles quienes usaron este vocablo, para varios grupos indígenas del Caribe que habitaban las Antillas, la Guyana (Guyana Esequiba, Francesa y Surinam), y la Amazonía. En la actualidad, los lokono habitan sólo en Venezuela (estados Delta Amacuro y Bolívar) y Guyana.

Según Neil L. Whitehead (1993), tanto la mitología de los lokono como los registros acerca de ellos del siglo XVIII, indican que su territorio se extendió a través de todo el escudo Guayanés. Esta área y el área amazónica estaban interconectadas entre sí, evidenciando la fluidez de la diáspora arahuaca (Vidal 1999). En el rio Orinoco habitaban varios pueblos de habla arahuaca, entre los cuales, los Arahuaco-Maipure fueron los más reconocidos pues el misionero jesuita italiano Felipe Salvador Gilij (1965) hacia finales del siglo XVIII, utilizó esta denominación para catalogar lo que años más tarde seria conocida como la familia "arahuaca". En el área correspondiente a la Guyana, los pueblos de habla arahuaca, entre los cuales destacaban los Lokono, quienes se encontraban en lucha permanente con pueblos de habla caribe, procedentes del bajo Amazonas, que venían desplazándose hacia el frente norte caribeño. Las luchas entre los pueblos arahuacos (aliados de los españoles) y caribes (aliados de los ingleses y holandeses) en el siglo XV dio lugar a la leyenda española de los "buenos arahuacos" y los "malos caribes", como belicosos y antropófagos (Radin pp. 23-25-49).

El arahuaco es una de las lenguas más amenazadas en la Guayana Francesa, ya que este grupo se sitúa cerca de núcleos urbanos. En Surinam y en la Guyana Esequiba se ha interrumpido la transmisión intergeneracional, de modo que sólo algunas personas de cierta edad hablan la lengua. En el caso de la Guyana Esequiba, los grupos arahuacos y los caribes fueron los primeros habitantes de la región. Según el último censo de 1991, en la ex colonia inglesa viven 49.293 indígenas, que representan 6,8 por ciento de la población total de este país. Por razones históricas, el concepto "amerindio" tiene uso preferencial al de "indígena". Se parte de que existen 9 pueblos étnicos: Warrau, Caribe (Kariña) Arawak, Akawaio, Patamona, Arekuna, Makushi, Wapishana y Wai Wai. En algunos lugares todavía viven algunas etnias que no se han censado, como los Trio, Taruma y Atorad y cuya población ha ido disminuyendo por invasiones, epidemias y la migración. En la Guayana Francesa, los lokono son una de las seis pueblos indígenas que suman unas 200 y 400 personas que viven por la costa, a Saint-Laurent-lleva-Maroni (villas de Balaté y Saut-Sabbat), Matoury (villas de Sainte-Rose limeñas), Manda y Cayena, juntos a los pueblos Kali'na, Palikur , Teko, Wayana  y Wayãmpi[2].

La población indígena de Surinam, por otra parte, se estima entre 22 y 25 mil habitantes que pertenecen especialmente a los pueblos Kari'a, Lokono y Tareno, que son los más numerosos. Los pueblos Wayana, Akurio, Wai-Wai, Okomojana, Sikijana, Katujana, Mawajana, Alamajana y Sakykta se encuentran al sur del país, en la frontera con Brasil, Guyana y Guyana Francesa y se los conoce como "Amerindios de las Tierras Altas". Los Kari'ña y Lokono viven al norte y se los llama "Amerindios de las Tierras Bajas". Una tercera parte de esta población vive en la capital Paramaribo. En Surinam, además, viven los Maroons, un pueblo de afrodescendientes[3].

Los lokono presentes en territorio venezolano proceden de Guyana, donde la población perteneciente a este pueblo se estima en 15.500 personas (Colchester et. al, 2002: p. 6). Se precisa que los lokono en Venezuela son unos 379 individuos (INE, 2001) distribuidos en el estado Delta Amacuro (en varias comunidades del municipios Antonio Díaz; en San Francisco de Guayo y MerejinaI) y en el estado Bolívar (Municipio Heres; Roscio; Sifontes (San Flaviano) y Gran Sabana)

Los cambios surgidos durante el último siglo en los diferentes países y contextos territoriales donde habitan los lokono, han conducido a la pérdida de sus conocimientos ancestrales sobre el hábitat y su cosmogonía, incidiendo a su vez en una rápida evangelización cristiana y la pérdida paulatina de la lengua, entre otros elementos culturales sustanciales. Es así como los lokono se han ido integrando a diferentes contextos, incluso coexistir con otros pueblos, lingüísticamente diferentes.

No debemos olvidar que la percepción del territorio no sólo como lugar geográfico sino como espacio social, se articula (invariablemente) sobre las relaciones de parentesco, base de la “comunidad indígena”. Hoy, pueden considerarse que muchos lokono son poliglotas, aunque esta categoría puede variar en algunas regiones, como el Delta Amacuro y Bolívar en Venezuela: una gran mayoría son actualmente hablantes del inglés, español, el warao como lengua materna (por alianzas matrimoniales entre estos dos pueblos), el pemón (por la asistencia de la población escolar a centros educativos con maestros pemón) y el propio lokono. Según el censo indígena (INE, 2001), su situación lingüística es bastante favorable aspecto que no es del todo cierto, pues la lengua lokono es sólo hablada por unos pocos (casi de manera “anecdótica”, en reuniones familiares) por lo que esta lengua puede ya catalogarse, en nuestro territorio, en riesgo de desaparición. En el caso de la comunidad de San Flaviano, esto es muy evidente. Diversos reclamos y conflictos surgidos tanto el territorio de Guyana como en Venezuela, en torno a la tenencia de la tierra ya sea a consecuencia de la expansión de proyectos madereros y mineros o específicamente, en territorio venezolano, por la presión de otros pueblos indígenas en relación a la presencia de los lokono[4], van adquiriendo poco a poco otras connotaciones.

Parentesco entre los lokono-arahuaco
El sistema de parentesco constituye, en una gran mayoría, la base a partir del cual se organiza la vida social de un grupo, pues “…el parentesco no constituye un dominio aislable y discreto de significados sino que estos significados derivan de toda una serie de dominios culturales: clase social religión, nacionalidad, etnicidad genero, etc.” (Radovich, p. 86). Se ha hablado siempre, en términos muy generales, que las unidades de parentesco de los pueblos y comunidades indígenas son la fundamentalmente, la base de su estructura social y por ende, tienen un rango mucho más amplio de funciones: la unidad básica de producción, la representación política y la religiosa. Si partimos de la premisa de que el territorio no es sólo un lugar geográfico o físico, sino fundamentalmente un espacio social y cultural que se articula sobre las relaciones sociales de parentesco, el efecto geográfico de integración de los lokono en el estado Bolívar, podría basarse en la comunidad, que por tradición, es mayor que los patrones territoriales basados sobre las mismas relaciones. Wagner (1974) explica que la “…tradición proporciona una base para una interacción social de metas más amplias, por descansar sobre el consentimiento que individuos y grupos prestan a unos principios que sirven de último recurso, que contienen sanciones supremas y que son un común denominador de la escala de valores admitida por todos…” (p.88).

Magaña (1992) citando el trabajo de Im Thurn (1883), refiere que “Entre los Arawaks (lokono), se atribuye el origen de los diversos clanes a la unión de hombres con animales y vegetales,…el clan Onishena desciende de la lluvia, el clan Koiarno de Corzuela o de la unión de un hombre con una corzuela, el clan Urahkana de un árbol, el clan Demarena de gente del agua, el clan Heekorowana de Tortuga, el clan Ebesowana de Mariposa o de la planta lucadaia, el clan Pariana de abeja, etc.” (p.28). Whitehead (2002) han encontrado que la representación proporcionada por los primeros cronistas de Indias sobre los arahuacos es inexacta, pues estos pueblos comparten una serie de prácticas culturales distintivas que permitirían hablar de un "ethos arahuaco". Por "ethos" vamos a entender, para este breve análisis, a las  prácticas culturales, tal como las define Pierre Bourdieu (2003, pp.85-90). En este sentido, el ethos  de un pueblo consiste no en un número de reglas sino de disposiciones inconscientes, predisposiciones y prácticas habituales que dan forma a dichas reglas, estrategias e ideologías a la vez que son moldeadas por estas, Estos hábitos, que Bourdieu equipara con el ethos de un pueblo, son el producto histórico de un conjunto de condiciones objetivas de existencia, entre las cuales Bourdieu pone especial énfasis en la lengua y la economía. A esto podemos agregar el análisis realizado por Silvia Vidal (2002) quién expone que…“Estudios recientes sobre las sociedades indígenas del Noroeste Amazónico han destacado que, debido a la presencia de un sistema regional de alianzas matrimoniales, del multilingüismo, de un sistema de jerarquías político-religiosas y de las especificidades, similitudes y compatibilidades de las organizaciones sociales, estas no pueden ser categorizadas como tribus o como cacicazgos, sino como sociedades intermedias” (p. 450).

Podríamos realizar, tentativamente, nuestro análisis desde una perspectiva lingüística la cual relaciona las diferencias que se encuentran a lo largo del proceso histórico de un grupo cultural, como posibles variaciones existentes de la estructura original. Tal es el caso de las lenguas arahuacas actuales, que parten de una familia lingüística en la que es posible establecer relaciones genealógicas (Florido, pp. 27-28). Este podría ser el caso de los lokono. Los datos actuales, disponibles sobre el parentesco de los arahuacos, corresponden al de “fusión bifurcada”, es decir, los primos paralelos reciben los mismos términos de parentesco que los hermanos y hermanas de Ego, en tanto que los primos cruzados poseen términos separados. El modelo se modifica en la generaci6n de los padres de Ego, pues exige que se utilice el mismo término tanto para el padre como para el hermano del padre, pero uno distinto para el hermano de la madre, lo que vale también para las mujeres de una misma generación. Pero estas conjeturas no están del todo claras para nuestro grupo de análisis. El tratamiento que damos entonces al sistema de parentesco lokono es de carácter abstracto, derivado de un análisis comparativo, en virtud de que los datos etnográficos (en relación a su sistema de parentesco) son insuficientes. Aunque los Thomas comentaron que los lokono tienden a unirse con personas de comunidades diferentes a la suya.

La comunidad de San Flaviano se conformo en 1988, con la llegada de una familia del pueblo lokono. Luego, un grupo más numeroso proveniente de Joboshirima, comunidad ubicada en el kilometro 72 del eje carretero Puerto Ordaz―Santa Elena de Uairen del Estado Bolivar, donde alrededor de veinticinco (25) familias agrupadas en una asociación civil denominada “Grupo Arawakos Unidos”, deciden buscar un nuevo asentamiento. Esta asociación se disolvió al trasladarse en 1992 al lugar[5] que ellos denominaron San Flaviano pues asociaron  el 22 de diciembre, fecha coincidente a su establecimiento en el lugar, con esta  fecha conmemorativa del santoral anglicano[6]. En 1994, el Instituto Agrario Nacional (IAN) les concede la propiedad de esta tierra. Este título les permitió, en fecha reciente, poder presentar su propuesta de demarcación en el marco Ley de Demarcación y Garantía del Hábitat y Tierras de los Pueblos Indígenas y la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas, las cuales contemplan el otorgamiento de títulos colectivos sobre las tierras de ocupación ancestral.

Hasta la fecha, son el único grupo lokono de la región (que pudimos evidenciar), que ha entregado un mapa con fines de demarcación de hábitat[7], pues otras comunidades, entre ellas Joboshirima, han sido coartadas por miembros de pueblo Pemón, quienes les alegan que no les corresponde por su “reciente” (casi tres décadas) presencia en la región. Es por esta y otra razones, que uno de sus miembros, y anterior “capitán” de la comunidad, Daniel Gómez (casado con un miembro de la familia Thomas), ha iniciado un trabajo de recuperación de la memoria colectiva y de etnohistoria lokono-arahuaca, lo cual, más allá de fortalecer la unión del pueblo lokono, tiene como trasfondo, iniciar un proceso de reafirmación de la presencia arahuaca en territorio venezolano desde hace varios siglos. Este proceso de reafirmación territorial ha logrado sostener una dinámica de participación y cohesión entre los diversos miembros de la comunidad. Así mismo, su intervención más activa en los diferentes proyectos gubernamentales para los pueblos indígenas de la región entre muchos otros, ha llevado a una mayor participación de casi todos los integrantes y algunos de los cuales, han desempeñado un rol como autoridades (“capitanas”) de San Flaviano.

El liderazgo que se ha suscitado entre los Thomas rige la vida de la comunidad aunque este siempre se ha dado, en estrecha relación con el grupo familiar más íntimo (familia nuclear); resaltando en los últimos años, el rol preponderante de las mujeres tanto en las unidades domésticas, las organizaciones comunitarias y las “capitanías” de la comunidad. Por lo que para San Flaviano, el grupo doméstico[8] (familia nuclear) es el núcleo fundamental de la organización económica y social y a través de cual, se realiza casi siempre el acceso a los medios de producción, produciendo los ingresos necesarios para la supervivencia de sus miembros. Al fundarse en vínculos familiares, pues la mayoría de sus integrantes pertenecen a la Thomas,[9] las relaciones en esta comunidad se basan en la cooperación y la reciprocidad entre sus miembros, en la distribución y apoyo en los trabajos (de acuerdo al sexo y a la edad).

Es por esta misma razón que estos espacios domésticos y productivos, tienden a aproximarse y  transformarse, en muchos casos, en un espacio continuo. El patrón de asentamiento de los Thomas en San Flaviano, denota pautas matrilineales[10], propias de los pueblos arahuacos, Los grupos familiares tienen residencias cercanas entre si y están conformados por el esposo, su mujer y sus hijos o hijas, en su mayoría solteros. Se pudo observar como las mujeres Thomas tiende a visitarse entre ellas muy temprano en la mañana, ya sea para tomar café o para concertar algunas actividades que deban realizarse durante el día. Cada familia mantiene uno o varios pequeños conucos con una siembra, siendo una labor desempeñada por casi todo el grupo familiar.

Los Thomas migraron al estado Bolívar-Venezuela durante la década de los ochenta, procedentes de comunidades aledañas al río Barima de la Guyana Esequiba. Hablan ingles y español y sólo algunos miembros  (se precisaron sólo a tres), hablan un poco de la lengua lokono-arahuaco. Muchos de los miembros de la segunda generación hablan también la lengua pemón, en virtud de que asisten a centros educativos en comunidades cercanas y cuya población es de mayoría pemón[11]. El trabajo asalariado (practicado casi desde el inicio del asentamiento de este grupo lokono en Venezuela) por trabajos de minería, en el caso de los hombres de la comunidad, representa un ingreso económico importante, así como la práctica de la carpintería (actividad por la cual son reconocidos en la región), y continúa siendo un componente complementario como sostén de la unidad doméstica.

Genealogía de los Hermanos Thomas
La familia Thomas está conformada por siete (07) hermanos, todos hijos de Stella Thomas, nacidos y criados hasta edad adulta en la comunidad de Wakapoa, cercana al río Barima en Guyana. Los hijos mayores de Stella: Dolly, Rialey, Pat, Dorothy e Isabel, son nacidos de Carlos Smith también lokono, nacido en la comunidad Sikiri (Guyana) quién falleció a los treinta y cuatro (34) años[12]. Los dos hijos siguientes de Stella: Claire y Freddy, nacieron de padre no arahuaco. Claire desconoce el nombre de su padre, pero lleva el apellido del padre de su hermano Freddy, John Van Slaytman (de origen holandés) nacido en Georgetown. La designación de “hermanos Thomas” fue otorgada por ellos mismos, quienes se distinguen frente a otras personas bajo el apellido materno.

Conclusiones

El parentesco presenta una funcionalidad a través de diversos lazos familiares: la estructura social permite transmitir los contenidos culturales procurando y haciendo posible la continuidad y el cambio en la cultura. El parentesco está integrado por sistemas de acción (definición de las regularidades del comportamiento) y pensamiento (definición de estructuras conceptuales y simbólicas) (Fox, 1972). El caso particular de San Flaviano  nos permite analizar y comprender un proceso que abarca una multiplicidad de variables que explicarían la dinámica de las relaciones de parentesco de los Thomas que no sólo determinan sus actividades económicas, el patrón de asentamiento, etc., tanto hacia adentro de la propia comunidad al interior social de la comunidad como hacia otros pueblos y comunidades indígenas de la región, lo que ejerce un importante impacto en el desarrollo de esta comunidad.-

[1] Los principales lingüistas que han publicado materiales sobre la lengua lokono han sido registrados por Alain Fabre (2005) son, a saber, Baarle (1993, 1994a, 1995, 1996a) Baarle & Sabajo (1997), Baarle et al. (1989), Benjamin (1991), Bennett (1984, 1995), Edwards (1978), Edwards et al. (1980), Goeje (1928), Harbert & Pet (1988), Hickerson (1953, 1954), Patte (1998, 2000, 2002, 2003a, 2003b), Pet (1979a, 1979b, 1987) y Taylor (1962, 1969, 1970a, 1970b, 1976).
[2] http://atlaspueblosindigenas.files.wordpress.com/2010/05/lokono.pdf
[3] http://www.native-languages.org/arawak_culture.htm
[4] Se evidencia una particular actitud hostil de parte de grupos Pemón asentados en la zona.
[5] Ubicado entre los kilómetros 40 y 50 del mismo eje carretero
[6] San Flaviano, patriarca de Antioquía. Venerado por la Iglesia Anglicana, religión a la que pertenecían este grupo de lokono al momento de llegar a Venezuela
[7] Este mapa mental (o cognitivo) realizado en el año 2007, incluye alrededor de 22 (veintidós) cerros sin identificación; una concentración de 25 (veinticinco) viviendas o “aldeas” que constituyen la comunidad; 6 (seis) zonas de cacería, y 1 (una) de recolección de morrocoyes; 5 (cinco) sitios de pesca, y 6 (seis) de cría de peces; 1 (un) mirador; 1 (una) zona de ganado; 8 (ocho) zonas de conuco. Además se indican 4 (cuatro) morichales. Incluye representaciones de caminos, quebradas y corrientes principales de agua, cerros, carretera, y líneas de alta tensión. Hay iconos en forma de pez, morrocoy y palmas de moriche. Todas estas
[8] El grupo doméstico es un conjunto de personas que comparten un mismo espacio de existencia
[9] La filiación es el reconocimiento de lazos entre los individuos que descienden los unos de los otros. El principio juega en los dos sentidos, ascendiendo o descendiendo a lo largo de las generaciones sucesivas. Toda sociedad conoce la filiación, pero algunas le otorgan mayor importancia que otras.
[10] Se da por el parentesco de consanguinidad o filiación materna, que implica que el hombre (el matrimonio) se establece con sus suegros.
[11] Estas comunidades aledañas son pluriculturales, conformadas por personas de los pueblos warao, kariña, akawaio y pemón, siendo estos últimos quienes toman puestos como maestros en educación básica y media.
[12] Los datos referentes a las fechas de nacimiento de los miembros de la familia Thomas no fueron proporcionados, ya sea por no recordar datos con precisión o por vergüenza en relación a la edad ostentada.
[13] Santa Rosa es la única comunidad guyanesa donde aún se habla español. Se conformó durante el siglo XVIII por los lokono desplazados de Venezuela por las guerras independentistas.

abril 24, 2013

Carta Pública al Presidente Nicolás Maduro del Antropólogo y Profesor Esteban Emilio Mosonyi

Caracas, 8 de abril de 2013



Ante las amenazas a la integridad de los pueblos yukpa y pemón, y la persecución al Profesor Universitario Lusbi Portillo, las organizaciones Homo et Natura y Provea.



Excelentísimo Sr. Nicolás Maduro Moros
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela



Al saludarle con todo mi respeto y consideración, comienzo diciendo que me ha costado algún tiempo decidirme a escribirle esta carta, ante la complejidad de la situación que le voy a plantear y lo difícil que resulta esperar una respuesta favorable de alguien que personifica el poder máximo en un Estado, cuando uno deja de recurrir a los canales convencionales. No obstante, tomé la determinación de hacerlo, impulsado inicialmente por la persecución y acoso a que está sometido un gran luchador social, el Profesor Universitario Lusbi Portillo, amigo de larga data que ha dedicado casi treinta (30) años de su vida productiva a la defensa irrestricta de los pueblos indígenas del estado Zulia, y de modo muy especial a los yukpa, hoy sometidos a un injusto despojo de sus tierras y violación de su hermosa y riquísima cultura tradicional.


Mucha gente tiene conocimiento de mi hoja de vida, convalidada por realizaciones y logros en favor de los pueblos indígenas y minorizados de Venezuela y del Mundo; mis esfuerzos durante largos decenios por impulsar la sociodiversidad, el pluralismo cultural y lingüístico, una interculturalidad dialogante; la búsqueda de un equilibrio sostenible de las sociedades humanas entre sí, así como entre el Ser Humano, el Planeta Tierra y el Cosmos que nos alberga a todos por igual. Afortunadamente estos principios están consagrados en la Constitución Bolivariana y ocupan un lugar privilegiado en nuestra legislación y en Convenios Internacionales firmados por la República. Hoy no podemos aspirar a una transformación integral de nuestras formas de vida en la Tierra, ignorando en “Buen Vivir” de los pueblos amerindios ni el “Ubuntu” de los pueblos africanos.


Cuando ocurrió en fecha reciente el monstruoso asesinato del heroico Cacique yukpa Sabino Romero Izarra –nuestro Segundo Guaicaipuro de estirpe caribe– a manos de unos sicarios contratados, muchos creíamos que tanto el Gobierno como la Sociedad Venezolana se harían una profunda autocrítica y aplicarían los correctivos necesarios frente a esa tragedia. Volvimos a equivocarnos porque el ensañamiento con la familia de Sabino continúa, al igual que el maltrato contra el pueblo yukpa y, por extensión, a los demás pueblos indígenas del país. Así lo demuestran los gigantescos planes y proyectos institucionales, producto de un desarrollismo insostenible e insustentable que ha venido postergando incluso la justa demarcación de las tierras indígenas, contrariando de esa manera las prioridades establecidas en la Constitución Bolivariana.


Ahora para colmo, los mejores aliados del pueblo yukpa, y en primer término el Profesor Lusbi Portillo, se ven sometidos a injustas y revanchistas acusaciones e imputaciones judiciales, con el presunto objetivo de poner fin a la resistencia indígena, obligando a las comunidades y pueblos originarios a renunciar a sus culturas y organizaciones propias, para conformarse con modelos de convivencia impuestos a partir de esquemas eurocéntricos y occidentalizados, aunque lleven el sobrenombre de socialistas.


Esta camisa de fuerza obedece, a su vez, a compromisos económicos y políticos que en los últimos años ha venido adquiriendo el Estado venezolano, abriéndose al extractivismo y a la minería legal indiscriminada hasta en las Áreas Bajo Régimen de Administración Especial; a la creación de obras de impacto desproporcionado para los frágiles ecosistemas donde se las pretende ejecutar; a la construcción de ciudades y vías de comunicación que prontamente desplazarían, con certeza, a sus pobladores indígenas, afrodescendientes y campesinos actuales. Igualmente crearían enormes focos de contaminación, con la secuela de contribuir al cambio climático, a la degeneración y pérdida de las últimas fuentes hídricas: en un Planeta condenado a morir de polución, hambre, sed, asfixia y enfermedades, debido a la avidez, desenfreno y faraonismo irresponsables de un modelo suicida de crecimiento, que tuvo su cuna en el capitalismo pero adquiere cada día más adeptos y adictos en países que se proclaman progresistas y hasta socialistas.


Sin violentar la modestia ínsita en cada ser humano, creo contar con la autoridad moral y la solvencia ética necesarias para solicitar respetuosamente el cese inmediato de la inicua persecución al Maestro Lusbi Portillo y otros aliados de la causa indígena y ambiental; un trato justo y equitativo para los pueblos indígenas, sus organizaciones e integrantes a través de nuestra vasta geografía; la pronta y eficiente demarcación de las tierras indígenas, ahora felizmente reiniciada por las Instituciones de la República, la cual de ningún modo significa un peligro o merma para la Soberanía Nacional; la aplicación concreta de toda nuestra normativa pluriétnica e intercultural; así como la revisión profunda y sincera de los trillados paradigmas decimonónicos de desarrollo geocida: en razón de sus indefendibles componentes económicos, geopolíticos y militares, que en varias partes del Mundo nos están llevando a una nueva conflagración mundial, acompañada esta vez de un irreversible holocausto ecológico.


No me siento ni seré nunca un fundamentalista fanático de causa alguna ni pretendo sobreponer los intereses de los pueblos tradicionales a los del resto de la humanidad. Lo que quiero y aspiro conseguir a todo trance es el diálogo intra e intercultural, el intercambio de criterios científicos y políticos, la interacción inteligente y sustentada en argumentos válidos, que nos permitan llegar a fórmulas consensuadas lo más rápidamente posible, antes que los daños sean irremediables.


Tampoco se trata de idealizar a ninguno de los actores sociales involucrados. Sabemos, por ejemplo, que existen indígenas que se dedican a la minería artesanal declarada ilegal. Pero no es menos cierto que el propio Estado venezolano pecó por grave omisión al no perfeccionar ni ejecutar la excelente iniciativa de la reconversión minera, destinada a obtener para los pequeños mineros clandestinos su inserción económica y social mediante otras actividades como, por ejemplo, la agricultura, la artesanía y el ecoturismo bien reglamentado. Mas por encima de cualquier consideración, no hay pretexto válido para que algunos jueces y fiscales –entre otros funcionarios, magistrados y autoridades tanto civiles como militares– violenten y desconozcan los derechos constitucionales de ningún pueblo indígena.


Por estos y otros motivos a veces difíciles de resumir en una breve exposición, pero no menos contundentes en sus líneas generales, al exigir el respeto a los derechos constitucionales del Profesor Portillo también le pido, Señor Presidente, una nueva y más consciente política indígena y ambiental. Somos muchos quienes solicitamos la MORATORIA impostergable para el conjunto de los Planes de Desarrollo de la Nación, su revisión exhaustiva con la consulta y colaboración permanentes de los protagonistas más compenetrados con dicha problemática, y la consiguiente elaboración colectiva de un nuevo paradigma societario ecohumanista que garantice la integridad y soberanía ecológicas de la Patria, como condición obligatoria para la Salvación del Planeta.


Señor Presidente: Dios y la Patria se lo agradecerán. También sería una forma póstuma de honrar la memoria del Presidente Chávez, quien reconoció gallardamente los derechos y apoyó la lucha de los pueblos indígenas y afrodescendientes por su propia liberación, de la cual el pueblo yukpa constituye un claro ejemplo.


Consignaré en seguida las siguientes propuestas de necesaria ejecución inmediata:

1.Cese definitivo del acoso y cerco judicial al Profesor Lusbi Portillo y a las organizaciones Homo et Natura y Provea, así como del permanente hostigamiento a los pueblos indígenas yukpa y pemón, entre otros.

2.Continuidad y eficiencia en la demarcación de las tierras indígenas, según lo consagrado en la Constitución Bolivariana y en la legislación indígena vigente.

3.Una investigación profunda y exhaustiva para determinar la identidad de los autores materiales e intelectuales del asesinato de Sabino Romero Izarra, de su señor padre José Manuel Romero y del resto de los mártires yukpa que fueron sacrificados en defensa de sus tierras y su cultura.

4.Una Moratoria para el conjunto de los Planes de la Nación que impliquen posibles daños humanos y ambientales, así como su revisión y paralización donde corresponda, por tratarse de actividades que representan un peligro para nuestra integridad y soberanía ecológicas.


Finalmente, le solicito con el mayor respeto, Señor Presidente, una audiencia a la mayor brevedad que sus obligaciones y compromisos permitan, a donde acudiría en compañía de mis asesores, especialmente aquellos integrantes del Colegio de Sociólogos y Antropólogos, Institución que me honro en presidir.

Agradeciéndole de antemano la atención prestada a estos planteamientos, me despido de Usted con los mejores deseos y expectativas.



Dr. Esteban Emilio Mosonyi.
Cédula de Identidad: 1.728.557
e-mail: e-emosonyi@hotmail.com


FUENTE: LA GUARURA.NET

febrero 01, 2013


El IIES Invita. Descarga la planilla del resumen aquí

marzo 25, 2012

Neil L. Whitehead. March 19, 1956 - March 22, 2012


Neil L. Whitehead was an anthropologist who worked on many current topics of research that include violence and the cultural order; shamanism and sorcery; vampires, zombies and the body; cultural landscapes and development; ethnopornography; captives and castaways. Areas of regional specialization include South America and the Caribbean, particularly Amazonia and the anglo/francophone Caribbean. 

Whitehead passed away peacefully surrounded by family early morning March 22nd 2012. He was born 3/19/1956 to Ken and Irene Whitehead in Harrow, London. He was raised in a quiet little house on the outskirts of London with his sister Kim. Even at an early age, he was the child you always knew was at the party.

In his youth, Neil enjoyed pursuits as diverse as playing rugby and reading Nietzsche. Though trained at the finest schools in England he was just as comfortable with the lads in the localities. Politics were never far from his mind, and he was active in the Troops Out Movement in 1970s England, even visiting Northern Ireland.

He studied Philosophy and Psychology at Balliol College, University of Oxford, from 1974-81, and received his MA and D. Phil in Anthropology from University of Oxford in 1984.

He met and married the love of his life, Theresa Murphy, in Oxford where they lived until 1992. Friends said they were the perfect pair, since 'T' as he affectionately called her, was just as crazy as he was. The couple had four children and together made a lively household with numerous cats, birds, and dogs.

The family moved from their native Britain in 1993, when Neil accepted a post at the University of Wisconsin in the Department of Anthropology. A brilliant scholar, he is well known for his significant contributions to Amazonian anthropology, historical anthropology, and shamanism, as well as his pioneering work in the study of violence. His diverse interests and expertise were reflected in recent contributions to post-human theory and the future of anthropology. He also recently conducted ground breaking archeological work on early large-scale settlements in Guyana, which will likely rewrite the pre-history in the region. He was an inspiring teacher, caring mentor, and generous friend.

He was skillful with a fly rod in the pursuit of trout, and well as on the hunt, whether for pheasant, deer, bear or jaguar. Students were then invited to meals prepared by Theresa and made with the bounty of his hunt. Neil was an avid swimmer and boater who swam daily laps, both at the Natatorium and at the Shorewood Pool. He loved his dogs and the family cats (though he pretended not to). The sound of classical on 88.7 provided the soundtrack for his mornings and his day often ended with chants from his favorite shaman.

Neil was a man of tradition, of habits. He was a humble person who was always surprised by the affection and admiration he received in response to his teaching and research. He was a philosopher at heart with the soul of poet.-
  
"There is one story left, one road: that it is. And on this road there are very many signs that, being, is uncreated and imperishable, whole, unique, unwavering, and complete" 
Parmenides.-
Select Publications
  • 2010 Of Cannibals and Kings - Primal Anthropology in the Americas (Pennsylvania State University Press)
  • 2009 Anthropologies of Guayana (ed. with Stephanie Aleman, Arizona University Press); Humanistic Approaches to Violence (Special Issue) Anthropology and Humanism 34 (Washington D.C.: American Anthropological Association)
  • 2008 Hans Staden's True History - An Account of Cannibal Captivity in Brazil (ed. with M. Harbsmeier, Duke University Press)
  • 2005 Terror and Violence - Anthropological Approaches (ed. with Andrew Strathern and Pamela Stewart, Pluto Press)
  • 2004 Violence (ed. James Currey / SAR Press); In Darkness and Secrecy - The Anthropology of Assault Sorcery and Witchcraft in Amazonia (ed. with Robin Wright, Duke University Press); Nineteenth Century Travels, Explorations and Empires: Writings from the Era of Imperial Consolidation, 1835-1910, South America (ed. Chatto and Pickering)
  • 2003 Histories and Historicities in Amazonia (University of Nebraska Press)
  • 2002 Dark Shamans - Kanaima and the Poetics of Violent Death (Duke University Press)
  • 2001 Beyond the Visible and the Material (ed. with Laura Rival, Oxford University Press)
  • 2000 War in the Tribal Zone - Expanding States and Indigenous Warfare (ed. with R.B. Ferguson, School of American Research Press: Santa Fe, 2nd Edition)
SOURCE= http://www.cressfuneralservice.com/obituary/90720/Neil-Whitehead/



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